Dicen que como universitario puedes pasar por la universidad o que la universidad pase por tí.
Dicen que como adolescente puedes perderte tantas veces como quieras y que un día te encuentras para siempre.
Y dicen que una vez que tus arrugas son las grandes protagonistas de tu vida, lo de irse no es tan preocupante. Lo fundamental es que alguien se quede contigo, con tu alma, con tu mirada, con tu guiño del ojo derecho o con esa sonrisa tan tuya e inmortal para los demás.
Parece que quedarse es complicado e irse es más fácil de la cuenta. Nos hemos ido más veces que nos hemos quedado. Nos fuimos del colegio, del cine, de nuestra casa, de la playa... A veces podemos volver pero por lo general se cierran etapas.
Esas mismas etapas que se van, son las que empiezan.... Esos caminos a los que siempre ir. En donde quedarse está permitido y a veces irse es la única opción.
Y para sitios, personas. Puedes encontrarte con ellas o con ellas te encuentren. O un encuentro recíproco, sin previo aviso. De esos que son para toda la vida o para una noche más.
Quien viene para quedarse?
Quien viene para irse?
¿PARA QUÉ VIENES?
Y es que en esas estamos, en la edad de encontrar o perder...lo de ganar lo dejamos para el final. Estamos en ese casting continuo donde elegimos por prejuicios y primeras sensaciones y donde somos más jueces que comodín del público.
Donde una mirada se carga la respuesta correcta de "Ahora Caigo", donde un fallo es motivo para empezar una guerra mundial y donde hablarte supone poner mi orgullo, mi historia y mi dignidad al rojo sabiendo que el negro y el 0 acechan en la ruleta de la vida.
Y en esas estamos.
Que no estamos. Que queremos quedarnos un día, irnos al otro y volver los domingos por la tarde. Y que no miramos hacia delante, solo vigilamos las espaldas sin saber que la persona que quiere quedarse para siempre, se acaba de ir y ha decidido no volver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario