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domingo, 9 de julio de 2017

"Rumbo a los 30 y otro verano" El texto con el que te sentirás identificado...

Serán 9 líneas. 
Somos unos inconformistas. No nos conformamos con tener veintitantos, seguir trasnochando y que la cerveza sea nuestro punto de unión. No nos vale con confiar en la improvisación y fiarnos de los que improvisan. Queremos más.
Nos gusta más ver vida, que vivir. Y también preferimos que nos pasen cosas raras a ensalzar nuestras rarezas. Así que aquí estamos, otro año más. Confiando en que el verano nos de algo de lo que podamos desconfiar. A estas alturas no queremos consejos, ni resacas, ni tampoco desaparecer. Así que puestos a confiar en alguien, confía en ti. Tienes pelicos, alguna cana, te muerdes las uñas, los tacones te matan y mil cosas más. Van 9 líneas, pero recuerda que la edad solo es un número y un beso en verano, una historia para el invierno.

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martes, 23 de mayo de 2017

La pausa que merecíamos

Que manía tiene la vida de ponernos las cosas tan a huevo y no hacer nada y que manía tenemos nosotros de no hacer lo que queremos y sí lo que esperamos. El que llora porque sufre, el que miente porque no dice la verdad y Fran Perea decía que 1+1 son 7. A fin de cuentas, cada loco con su tema. Eso sí, a todos nos deben una, y por ponerle un nombre, he pensado que a todos nos deben una pausa.

De noche se habla de las cosas que de verdad le importan a uno o las cosas grandes pasan de noche. Elegid la que queráis. Ninguna es mentira, ambas son correctas o como últimamente digo, nos gustan los amaneceres porque alucinamos con las madrugadas.

Os iba a contar una historia de verano, en agosto, el típico sábado noche donde chico y chica que tienen cuentas pendientes, se ven, se besan, desayunan en una cala, comen en un barco y se despiden el domingo por la noche. Él de vuelta a casa en su coche y ella de vuelta a su vida. Me encantaría contaros las 20 horas al detalle; como ambos se encontraron, como se miraron confirmando que "esta es nuestra noche". Como él pagó el taxi para ir a la cala, como ella se dejó todas las monedas del monedero para comprar dos croissants en un 24 horas, como se colaron en el catamaran para comer y finalmente como se despidieron. Él pensando qué había cambiado, ella diciendo que porqué no lo había hecho antes. Y todo volvió a la normalidad. El verano siguió para ambos. La pausa había acabado.

Y en condiciones normales, os diría que lo bueno se hace esperar, que más vale tarde que nunca y que las cosas buenas llevan su tiempo y las grandes se dan de golpe. Pero no, después de 4 meses sin escribir, sin fantasear más de la cuenta y viviendo a a golpe de experiencia, de realidad, que es en definitiva como se crece, no os puedo mentir.

Hay cosas que no van a pasar. Cosas que no van a volver. Y como cosas personas. Y como personas momentos. Y todo muy negativo y muy negro. 

De ahí lo de la pausa. Y es algo que se tarda en comprender. Porque no es una cuestión ni de amor, ni de amistad, ni de no dormir por las noches o de enfados tontos. Es mucho más fácil que eso. Se trata del día a día. De decir lo que piensas cuando toca y no cuando crees. De saber que creer conocer no es saber quién es, de que hay que aprovechar las noches más.

Nos tiramos la vida rebobinando, grabando, parando y adelantando las cosas pensando en nuestro futuro. Y joder, no apreciamos que falta un botón del mando que casi no utilizamos, el de la pausa. El de oye, que mierda hacemos? Pensamos demasiado y no vale para nada.  

Y sabéis que? Llevo unas semanas pausando mi vida y desde entonces saboreo más las cosas y duermo mucho mejor.

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lunes, 2 de enero de 2017

Vive más y cuenta menos

No hace mucho estar en 2012 ya nos parecía una pasada. Y es que, permito que se dude, aunque no tanto que no se comparta, que hemos vivido 5 años, más de 1500 días y se dice pronto, demasiado rápidos.
Han dado para mucho o más bien, para poco más. Todas esas cosas grandes que se avecinaban se han ido evaporando, dejando un recuerdo imborrable: La selectividad, la carrera, el máster, el trabajo, la persona que me quita el sueño, la que me lo da, esa ausencia inesperada y esa inesperada reconciliación. Reír mucho y llorar más, comer más y dormir peor, ser más responsable y estar menos acostumbrado, querer algo y no tener nada.

Y aquí estamos, en 2017. Con nuevos planes, nueva gente y una nueva ruta. O quizás con los mismos planes, con poca gente y sin ruta. Es una opción, que nadie se asuste. No se tratar de terminar cosas, se trata de no parar de vivir.

Haz cosas, no pares. Está tan visto y tan oído lo de estrellarse... ¿Pero realmente lo hacemos? Viaja, vete de Erasmus, se te pasó el arroz? Viaje romántico con él o con ella, no tienes? Pues con ellos o con ellas, con la familia que tú elegiste. No pares de tomarte cervezas, descubre los vinos, vuelve a darle una oportunidad al botellón, VIVE. Visita a tu familia, la de toda la vida. En coche, andando, por skype o por sms. Sonríe, guiña, silba y sobre todo besa. Quédate sin aliento, revientate y reinventate y si puede ser, que sea en la cama. Duerme, sueña y haz el amor.

Y no lo cuentes, que se te vea. A primera vista, con reconocimiento previo o a miles de kilómetros. Un recuerdo bien guardado es el mejor secreto vivido, no lo olvides, piénsalo.

El tiempo va a seguir pasando y aún más rápido. Otra carrera, un nuevo trabajo, un palo inesperado y una sorpresa te están esperando y te llegará cuando estés renovando el D.N.I, visitando al hijo de tu mejor amiga o aprendiendo chino.

Que le den al futuro, al pasado y que tiemble el presente. Vive y no dejes vivir a quién no lo haga. Y lo más importante, que mirar el calendario no sirva para recordar viejas fotos, alguna noche tonta o celebrar un aniversario. Que sólo sirva para que el corazón se te acelera, que la adrenalina se acomode en tu cuerpo y que veas en cada día la oportunidad de hacer algo grande, nuevo o conocido, felíz o triste pero sobre todo lleno de vida.

Vive más y cuenta menos, y si lo cuentas, que sea para decirle al mundo que sólo es el principio, que tienes cuerda para rato, que ya te caíste, te estrellaste y te balanceaste, que lo seguirás haciendo pero que también acertarás, que también darás en el blanco y que finalmente VIVIRÁS, para más que recordarlo, seguir disfrutando."






lunes, 19 de diciembre de 2016

La gente no sabe de ti...

Serán unas líneas, no más de 15 o 20. He perdido práctica a lo largo de mi vida en muchas cosas, pero sin duda la que más me duele es la de transmitir escribiendo. Después de más de 1000 días, después de muchos amaneceres en la playa de los sueños, después de decenas de vinos y comilonas, después de descubrir a Funambulista, Sidecars y a Arnau Griso, después de alguna madrugada perdiendo el sueño y de alguna noche encontrándolo... Después de todo, la gente no sabe de ti.

Pero no saben nada de nada. Ni la cara ni el nombre, aunque a estas alturas eso sea lo de menos. Fliparían como haces reír a la gente, alucinarían con tu saber estar y no pararían de vacilarte por culpa de tu ingenuidad y tu pasividad.
En ocasiones no me extrañaría que se sorprendieran con tus caras de circunstancias y tus salidas, pero acabarías contrarrestándolo con ese guiño conciliador.

Demasiado bonito no? Querrán saber de ti más. Y explotaran el invento de las redes sociales para hacerlo. Fingirás ponerte seria y remangarte la camisa para contarles tu vida. A la mitad del relato tendrás al chulo enamorao, al tímido expectante y al típico que pasa desapercibido preguntándose porqué no te ha conocido antes. También tendrás tu batalla particular para defenderte de tu pasado farandulero con el romántico de turno. Lo convencerás a tu manera, diciéndole que solo quien busca a su loca entiende sus locuras pasadas, al menos así me convenciste a mí.

Agrandarás tu candidatura con los detalles. Esas "pequeñas cosas" insignificantes que terminan por decantar la balanza. Tales como disfrutar contigo de fiesta, participar en planes desconocidos,  complementar un clasicazo de cine con la mayor mierda de música o tomar el sol en diciembre.

Y a pesar de todo esto, seguirán sin saber de ti. En el colegio nos enseñaron que las frases han de terminar con puntos. Tú, por lo que sea, cambiaste los puntos por la sonrisa. Y no una cualquiera. Y tampoco solo de un tipo. Un bufet de sonrisas difíciles de negar, difíciles de no contagiar.

Y por último y lo mejor para mí, un egoísta de los pies a la cabeza, se cruzaran contigo por la calle y no sabrán que eres tú. Y sé que me tocará compartirte, perderte alguna vez y probablemente olvidarte.
Y cuando eso ocurra, seguiré estando igual de tranquilo que esta noche. Porque el tiempo, las noches y el insomnio me han enseñado que la forma en que se de ti, es por definición, irrepetible. 




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lunes, 24 de octubre de 2016

La noche que nos conocimos

Ha llovido. Hace poco ha parado, pero se ha quedado esa típica noche que, o bien te apetece estar en una montaña a mil y pico metros pasando frío y vislumbrado la ciudad o pueblo de turno, o bien quedarte en casa, manta en pecho y dormirte con la película que sea. En teoría se ha quedado noche de eso, aunque en la práctica la noche se ha quedado para otra cosa. Para lo de casi siempre en días como hoy y noches como esta.

No se ha quedado noche ni para mirar fotos antiguas ni para acordarme de ti. Ni siquiera se ha quedado noche para emborracharme. Va mucho más allá.

Entiéndeme cuando te digo, que a la noche que nos conocimos le seguimos debiendo cosas. Fue una suerte conocernos, fue una casualidad darnos cuenta, pero sobre todo, en noches como hoy, apelo a "ese algo" que los más cobardes llaman destino y que los valientes lo definen como... Lo llaman de todo menos destino.

Que el resultado sea amor, engaño, amistad o follar los miércoles por la tarde es lo de menos. Cada vez que me acuerdo de la noche que nos conocimos, recuerdo que lo de menos fue verte bailar, reírte o que me miraras como quién busca perdida donde está en un mapa.

Cada vez que llueve y que paso de pasar frío y de la peli, me acuerdo de no tener planeado conocerte y por encima de todo, encontrarte. Todo lo demás, todo, me da igual,

Y es que las cosas importantes pasan de noche. Con banda sonora como en las películas, La música de la discoteca, la lluvia cayendo, la ambulancia intentando salvar una vida o el carrito del vagabundo que busca cobijo, Encontramos y buscamos a gente que satisfaga nuestras necesidades, pero realmente nos quedamos con las que no esperábamos conocer.

Y pasarán los días y sobre todo alguna noche y por más que lo intente, me dará por salir a buscarte o por lo menos a encontrarme contigo,


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domingo, 18 de septiembre de 2016

ADIÓS SELECTIVIDAD...

Será probablemente el secreto mejor guardado entre padre e hijos de los últimos 41 años. Ese último consejo que padres y madres le daban a sus hijos e hijas antes de afrontar la mejor etapa de su vida: La universidad.
Y es que para quiénes renieguen de periódicos, noticias e informativos, la selectividad como la conocíamos desaparece. Así lo ha decidido el gobierno que, aunque ha anunciado que las nuevas pruebas serán parecidas, ya nada será igual.
Este septiembre de 2016 quedará marcado por ser el último donde los estudiantes de 2º de Bachiller se agolparon en las puertas de los distintos centros a la espera de saber en que clase se jugarían su futuro.
Será el último donde los miedos y los nervios se impongan al conocimiento real acerca de que autor y comentario de texto saldrá en Lengua. Será el último donde el inglés como tal sea el quebradero de cabeza de muchos. Será el último donde se efectúen los rezos a las distintas vírgenes para que la Romanización o Al-Andalus caigan y algo parecido pasará con los Platón, Kant, Descartes y compañía. El punto muerto, las mates, la física, la biología... Un sinfín de despedidas que aunque probablemente volverán, muchas de ellas no regresarán como se fueron.

Por que si de algo hemos aprendido en esta vida hasta ahora, es que preferimos los retos imposibles y conocidos, que lo nuevo, probable y poco conocido. Esta "actitud" por ponerle algún nombre, ha sido potenciada por nuestros padres. Ellos se han encargado de guiarnos y de "protegernos" a través de su experiencia, aunque a veces la prohibición ha sido deseo eterno e incontenible. 

La selectividad dice adiós y deja atrás 41 años de anécdotas, recuerdos, risas y tristezas que simbolizan algo fundamental: El tiempo pasa para todos y las cosas cambian. Pero este cambio creo que marca el fin de la generación dorada, de la mejor preparada. Con el fin de la PAU, nuestros padres se quedan sin poder darles a sus hijos ese último legado.

Acabo. Empieza una nueva generación. La que vivirá en sus carnes el nuevo gobierno, los nuevos trabajos, la globalización y entre otras cosas, la nuevas pruebas de selectividad, que a partir de ahora se llamarán reválidas.

Atrás quedamos la generación dorada. Esa generación que optó a todo y que lo tuvo casi todo. Y gracias en gran parte al sacrificio de nuestro padres. ¿Cómo no íbamos a ser los mejores si nuestros padres se desvivieron por ello? 

Vienen curvas y cosas tan nuevas y apasionantes como desconocidas y peligrosas. 

ADIÓS SELECTIVIDAD...

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lunes, 18 de julio de 2016

Encantado de DESconocerte

Uno puede estar loco o hacerse el loco. Es como aquel que es tonto o se hace el tonto. La diferencia entre el caso A y el caso B es mínima pero suficientemente significativa. Tonto es el que hace tonterías decía Forest Gump y estar loco es aquello que otros hacen y tú ni te planteas.

Ahora viene lo complicado. Hacerse el tonto es muy jodido. Es disimular, fingir, aparentar... Una serie de verbos que aúpan a esconder. Más bien a esconderte, a ser invisible, a renunciar a participar en cualquier pacto de agresión.
Hacerse el loco es algo más sencillo pero profundamente mucho más duro y  al alcance de cualquiera. ¿Quién no se ha hecho el loco alguna vez? ¿Quién no ha analizado la situación que se le venía en segundos y ha decidido bajarse del barco y nadar hasta la isla más cercana? Me atrevería a decir que todos.

Locos y tontos. Tontas y locas. La gran diferencia entre ambos es el contacto. Mientras los tontos y tontas aceptan lo que hay de manera silenciosa, los locos y locas deciden ponerse un pañuelo en los ojos y mirar para otro lado.

El resultado son los DESconocidos. Y poco más que añadir en esta calurosa pero fructífera noche del 18 de julio de 2016. No se trata de mantener el contacto con toda la gente que vas conociendo sino de  no hacerte el loco con todos aquellos que llevas tiempo sin ver. Y sí, hacerte un poco el tonto para dejar de desconocer a gente.

Felíz verano  a todos lo que sabéis que es esto y guardáis un poco de tiempo para, en vez de cazar pokemon, leernos.

Un abrazo para tod@s.

PD: "Todo era mejor cuando éramos unos desconocidos queriéndonos conocer" decía un filósofo enamorao hasta las trancas. Lo que está claro es que el miedo es el mayor freno que conozco y todos deberíamos apostar por la velocidad.